VARNA, Bulgaria — La nación búlgaro vuelve a las urnas este domingo en su octava jornada electoral en tan solo cinco años, en medio de una profunda crisis institucional y un clima de descontento ciudadano.
El favorito
en las encuestas es Rumen Radev, quien aspira a liderar un nuevo gobierno,
aunque la situación política continúa caracterizándose por su alta
fragmentación y la posibilidad de que el país tenga que convocar nuevas
elecciones en breve.
Bulgaria, considerado uno de los países más pobres y
corruptos de la Unión Europea, atraviesa un momento de gran incertidumbre
política tras la dimisión del gobierno anterior, encabezado por el conservador
Rosen Zheylakov, en diciembre pasado, tras una ola de protestas ciudadanas
contra la corrupción y el aumento del costo de vida. Desde entonces, la
administración ha sido interina, sin un rumbo definido.
La crisis se remonta a 2021, cuando las protestas masivas
provocaron la caída del gobierno de Boiko Borisov, líder del partido GERB.
Desde entonces, Bulgaria ha pasado por múltiples gobiernos débiles y
coaliciones inestables, incapaces de consolidar una mayoría sólida en el
Parlamento. La última alianza, formada por GERB, el Partido Socialista (BSP) y
el movimiento ITN, colapsó en diciembre de 2025, dejando al país sin un
gobierno estable y sumido en un bloqueo institucional que parece no tener fin.
El desencanto social se ha intensificado frente a una clase
política vista como corrupta y desconectada de las necesidades reales de la
población.
Figuras como Borisov y el empresario Delyan Peevski,
sancionado por Estados Unidos y Reino Unido por corrupción, simbolizan una
élite que ha generado desconfianza en las instituciones y alimentado la
percepción de un poder paralelo influenciado por oligarcas. En este contexto,
Radev ha sabido capitalizar el rechazo al sistema tradicional, proyectándose
como una opción alternativa para un electorado cansado de la corrupción y la
inacción.
Uno de los aspectos más relevantes en estas elecciones es el
crecimiento del apoyo a posiciones prorrusas. Radev ha centrado su campaña en
rechazar la política exterior de respaldo a Ucrania y en promover un mensaje de
“no a la guerra”, ganando simpatías entre quienes sienten afinidad con Moscú.
Aunque Bulgaria mantiene oficialmente su compromiso con la
Unión Europea y la OTAN, el discurso de Radev ha resonado especialmente en
sectores de la población que buscan un rumbo distinto, similar al discurso de
Viktor Orbán en Hungría, que combina una postura cercana a Rusia con la
participación en las instituciones europeas.
Las encuestas indican que Radev cuenta con aproximadamente un tercio del respaldo electoral, con GERB a la cabeza de los otros partidos con alrededor del 20 %. Sin embargo, la fragmentación del panorama político y la falta de acuerdos claros dificultan la formación de una mayoría estable en el Parlamento.
La participación electoral ha aumentado, impulsada por el
descontento social, pero la incertidumbre persiste, y algunos analistas
sugieren que Bulgaria podría volver a convocar elecciones anticipadas incluso
antes de la próxima temporada electoral, prevista para el otoño.
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