En los meses siguientes, Juanchi se convirtió en una figura respetada y admirada en la comunidad, un joven saludable tanto física como mentalmente.
Sin embargo, la realidad cambió radicalmente cuando, una mañana, al abrir mi carro, lo encontré tocando la ventana con urgencia.
Sin mediar
palabras, me solicitó 50 pesos, confesando que necesitaba comprar perico para
consumir drogas. Ese momento quedó grabado en mi memoria, una imagen que
reflejaba la dura realidad de muchos jóvenes atrapados en el flagelo de las
sustancias ilícitas.
Este episodio me llevó a una profunda reflexión sobre la
magnitud del problema de las drogas en nuestro país. La vulnerabilidad social,
sumada a la falta de campañas preventivas eficaces, ha permitido que este mal
se extienda en las calles de Santo Domingo, donde es común ver a personas
jóvenes en situación de indigencia, buscando entre la basura o durmiendo en
espacios públicos.
Durante los años 80 y 90, las campañas contra las drogas en República Dominicana tuvieron un impacto importante.
La famosa consigna “Di no a las drogas” se convirtió en un símbolo de resistencia, especialmente en espacios deportivos y en medios de comunicación.
En mi propia experiencia como jugador de béisbol en Villa Riva, esos mensajes estaban presentes en todos lados y sirvieron de barrera para muchas tentaciones.
Además, organizaciones
como Hogar Crea y Casa Abierta realizaban esfuerzos importantes, ofreciendo
apoyo y talleres en centros educativos para concienciar a los jóvenes sobre los
peligros del consumo.
Lamentablemente, a partir del cambio de siglo, estas campañas comenzaron a desaparecer, como si las políticas preventivas tuvieran una fecha de caducidad.
La atención se centró en la incautación de drogas y en operativos policiales, dejando a un lado la labor educativa y preventiva que tanto necesita nuestra sociedad.
La falta de programas efectivos y de presencia
en medios y espacios públicos ha propiciado que el problema siga creciendo sin
control.
El Consejo Nacional de Drogas (CND) es la institución encargada de diseñar y ejecutar las estrategias para combatir el consumo de sustancias ilícitas, pero sus esfuerzos parecen insuficientes y poco visibles.
En entrevistas recientes, expertos como Julio Díaz Capellán, de Hogares Crea,
alertaron sobre el aumento del consumo en mujeres y menores de edad, y la
escasez de recursos para atender esta problemática. La situación exige una
respuesta urgente.
Es imperativo que el Estado reactive campañas integrales de prevención, con mensajes claros y visibles en las calles, en los medios y en las instituciones educativas.
La historia nos demuestra que las campañas preventivas pueden marcar la diferencia, como en décadas pasadas.
La consigna
“Di no a las drogas” debe volver a ser un lema presente en cada rincón del
país, para proteger a las futuras generaciones y fortalecer la salud de nuestras
comunidades.
Por ello, hacemos un llamado a las autoridades y a la
sociedad en general: salgan a las calles, coloquen letreros y promuevan la
conciencia. Solo así podremos construir un país más saludable y libre de la
amenaza de las drogas.
Lecturas de hoy
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